martes, 24 de octubre de 2017



Paseo de otoño

De dolmen a dolmen



Sábado, 21 de octubre










Presagiaban lluvias, pero estas no llegaron. Un día agradable entre sol y sombra para un paseo otoñal. Tras el descenso de Monrepós, tomamos el desvío de la Guarguera. A la entrada del valle un desvío nos acerca a Ordovés. Lo conforman dos caserones; uno, habitado; el otro, deshabitado, adosado a una torre defensiva rebajada. Sobre un alto se eleva la sencilla iglesia serrablesa de san Martín (siglo XI). 










Destaca el característico ábside semicircular rematado por un friso de rollos verticales realizados en piedra de toba sin ningún otro adorno. En el interior hay una reproducción fotográfica de las pinturas góticas que decoraban su interior y que hoy se conservan en el Museo Diocesano de Jaca. Las iglesias de Serrablo están declaradas Bienes de Interés Cultural.













La mañana es tan placentera que invita más a la charla sosegada que a coger la mochila. Pero seguimos. Tomamos el desvío de Nocito. En el puerto de Bail dejamos los coches. El dolmen de Ibirquetambién llamado de Lasaosa o "Caseta de las Brujas", es uno de nuestros objetivos. No hace falta que cojamos la mochila, ya que se trata de un paseo corto. Descubierto en 1949, se ubica sobre un pequeño cerro, lo compone una cámara interior abierta al este -la salida del sol-, formada por un circulo de piedras con una gran losa sobre ellas. Desde aquí se domina una excelente panorámica de los valles del Guarga y Guatizalema, el tozal de Guara y los Pirineos. No es difícil imaginar porqué eligieron este lugar aquellas gentes para sus ritos funerarios. Su cronología data de unos dos mil años a. C.






















Dirección a Nocito, giramos hacia el valle de Belsué, bañado por dos ríos con el mismo nombre: el Flumen, proveniente de Bonés e Ibirque, que desaguan en el embalse de su nombre. Estamos impacientes por comenzar la caminata y esto hace que la iniciemos antes y nos despistemos, con lo que se hubiera evitado que alguien metiera el pie donde no debía, pero siempre es momento para desandar y encontrar la senda que nos acercará al puente donde comienza esta ruta fácil pero larga. 









En lo alto del roquero está Lúsera -que ya conocemos-, aunque deshabitado, encontramos casas rehabilitadas y otras en ruinas. Su trazado conserva el carácter defensivo de las poblaciones medievales, con pasos abovedados. Debido a su ubicación privilegiada hay muy buenas vistas sobre el valle





















Caminamos hacia la cola del embalse de Santa María de Belsué. El paseo hasta la presa lo hacemos sin prisa. La vegetación es umbrosa. La excursión sería perfecta si aquel estuviera lleno; el río serpentea como hilo quebradizo por un lecho verde. Pero tal como van las lluvias y las venideras nieves invernales no sé cuándo se podrá disfrutar de un paisaje de agua y roca. Aun así, es muy gratificante contemplarlo. Junto a la presa están las escaleras que suben al refugio de Peña Guara, la casa del ingeniero que el club de montañeros transformó después del final de las obras. A mitad de la escalinata, casi pegada, está la cueva Artica, que a M. no le hubiera importado deslizarse por la gatera, pero le faltaba la luz frontal. Habrá otro momento. 















Se está reclamando el almuerzo si o si. Con este condicionante no se está para disfrutar de las espectaculares vistas del congosto de Cienfuéns. Buscamos un sitio ‘adecuado’. Los minutos se hacen eternos. Hemos recorrido 1,5 km hasta el contrafuerte del embalse de Cienfuéns que recoge las filtraciones de la presa del embalse de Belsué por la alta permeabilidad de los terrenos en los que se asienta, a la vez que los abundantes manantiales de Cienfuéns. Satisfechos, disfrutamos del espectacular paisaje del entorno que ha horadado el río. Como los embalses están vacíos se aprecia perfectamente la potente fuente de Cienfuéns; el atardecer realza los altos acantilados que conforma la garganta.







Desde aquí sigue la senda que se bifurca. La que baja a la antigua central eléctrica, un lugar que conocí idílico, con su poza, cascada y pequeñas campas, que hoy se ve totalmente invadido por la vegetación y en el que estaba previsto almorzar. La que nos encamina al dolmen de Belsué (oficialmente, de la Piatra o del Gargantal) asciende en suave pendiente a través del valle entre un denso matorral, encinas y bojes. A lo lejos, la inconfundible silueta del salto de Roldan cortado a tajo por el Flumen. Un desvío señalizado nos acerca al promontorio sobre el que se levanta el dolmen solitario en toda su rotundidad. Es un lugar apropiado para experimentar la simbiosis entre el paisaje y lo humano. El dolmen conserva su estructura completa. Fue descubierto casualmente en 1979.










Regresamos. El tiempo se nos echa encima, imaginamos que los amigos que prefirieron esperar y disfrutar de una vuelta sosegada, ya empezaran a notar el cansancio de la espera y a preocuparse un poco. Llegamos con las sombras de la noche. En Arguis tomamos el café de despedida. Era una noche cerrada y fría.






Fotos de MarianoG, CarmenT, CarmenB, HortensiaJ, 
Rita, Nines, Pepe y Josemari







MarianoG






martes, 23 de mayo de 2017



Pena-roja de Tastavins

Les Roques del Masmut



Sábado, 20 de mayo













Salir media hora antes es llegar a la hora adecuada, como el tren de la una de mi niñez que pasaba siempre a la 'y media'. Café, charradica sin prisas -para eso hemos madrugado-. Una pista de tierra nos acerca al salto de La Portellada. Por el camino predominan almendros y olivos en terrazas. Imposible disfrutar de la  'espectacular' cascada: el caudal del salto (20 metros) depende de las lluvias. En la parte de arriba, invisibles hilillos de agua discurren por el juego de formas  producidas por la erosión, desapareciendo sin ruido en la gran poza.









Estamos en Peñarroya de Tastavins. Es medio día y una brisa suave nos anima a subir las empinadas calles hasta lo alto del pueblo de donde parte el camino que nos acercará a la impresionante mole de las rocas del Masmut. A pesar de la hora el camino, que va ganando altura poco a poco, no se hace pesado. Llegamos al mirador, nuestra meta. La espectacular mole del Masmut se muestra en toda su inmensidad, con paredes de más de 100 metros de altura. Desde aquí, la diversidad paisajística es extraordinaria.



El color rojizo de las peñas es el que le da el nombre al pueblo, mientras que el topónimo Masmut, de origen árabe, podría proceder de la tribu bereber de los 'Mas Mudas' o, tal vez, sea una derivación de 'Mas del Mudo'.









Comemos. En el cielo, la silueta minúscula de un buitre que planea suavemente. Los pinos carrasco, que nos han acompañado en el soleado camino, nos dan sombra. En las zonas más umbrías dejan sitio al pino negral. Los enebros ya no son  tan achaparrados, carrascas... Última mirada a las peñas. Regresamos al pueblo. El calor se soporta bien, pero cuando vemos el cartel que indica 'Arroyo de los Prados', seguimos el leve descenso en animada charla, nadie lo ve. 









Pañarroya de Tastavins merece una sosegada visita a su casco urbano. Se formó a la vera del castillo, bajando la ladera de la montaña. Calles empinadas, casas encaladas con balcones de madera torneada y amplios aleros que caracterizan la arquitectura popular de Peñarroya, y también la forja. Junto a la Casa de la Villa  (s. XVI) destaca la antigua cárcel, la cual se conserva en perfectas condiciones. Tiene tres estancias, la primera y más grande estaba destinada a vivienda del carcelero, y las otras dos, comunicadas por un angosto pasadizo excavado en la roca, a calabozos. Se conservan esgrafiados hechos por los presos y una argolla.










A escasos dos km está el santuario de la Virgen de la Fuente, un complejo que agrupa la ermita antigua, la ermita barroca y la hospedería, sin olvidar la fuente de 15 caños. En el siglo XIII se construyó la primitiva ermita que fue sustituida entre 1340 y 1360 por otra más grande, en estilo gótico-mudéjar, que se conoce hoy como ermita antigua o de Arriba. Sobresale la bella techumbre de madera decorada con motivos geométricos, heráldicos y rostros humanos; así como, abundantes cruces de Calatrava. Fue declarada Monumento Nacional en 1931 y Patrimonio Mundial dentro del arte mudéjar de Aragón en 2001. Todos los retablos e imágenes fueron destruidos durante la Guerra Civil.





  


El portal de acceso está formado por cuatro arquivoltas ojivales con dos frisos corridos, con escenas del Nuevo Testamento como la Anunciación, la Huida a Egipto, la Visitación, la Epifanía, la Crucifixión o la Resurrección. 







En el tímpano central está la imagen de la Virgen en Majestad rodeada por cuatro ángeles. Su fachada da a la hospedería y al claustro del antiguo convento.



Sin prisas, en un lugar tan sorprendente como encantador, 
qué bien sientan unas cervezas...
















La tarde se alarga. Por un camino rural asfaltado, tomamos la dirección del pantano de Pena. Craso error. Pronto el asfalto deja paso a un camino para tractores y máquinas agrícolas. Los baches, caballones y piedras acarician con gusto los bajos de los coches. Los conductores se acuerdan de quien tuvo la feliz idea. El paisaje está en todo su esplendor primaveral. Almendros, olivos, el cereal, los pinos en las laderas... El camino mejora, estamos ya en la cola del embalse. Es un recreo para la vista el pequeño lago azul abrazado por los pinos. Construido en 1930 para recoger las aguas del río Pena, su uso es eminentemente agrícola.  












Parece ser que no hay prisa. Valderrobles está cerca y, aunque la visita sea breve, bien la merece.  Nos da la bienvenida el puente de piedra; a través del portal de san Roque, entramos en la plaza rodeada por los edificios civiles singulares, como el magnífico ayuntamiento gótico o la 'Fonda', con su torreón esquinero, las almenas y las gárgolas. Un paseo sin orden nos lleva nuevamente a la plaza. Vamos en busca de los coches, despedidas y ¡qué tarde es! 












Fotos de Matilde, Pepe, CarmenB y Josemari