martes, 19 de abril de 2016



Castillo de los Ares
el Cardoso y el Peruano
Ródenas

Sábado, 16 de abril










Encontrar el castillo de los Ares hoy no es difícil. Dos carteles situados a la entrada de un camino agrícola, para ser vistos en ambas direcciones, nos dan cuenta del desvío. Curiosamente, ni Guitart Aparicio en Castillos de Aragón (Librería General) lo nombraba; sin embargo, diez años después (1988, Mira Editores) reestructuraba la obra y en el tercer tomo nos daba noticia de él.  








Dejamos la autovía Mudéjar en Santa Eulalia del Campo. Inevitable café matinal. Retomamos la ruta camino de Pozondón. El paisaje es soberbio con una vegetación rala que cubre la planicie batida por el cierzo. A unos dos km, antes de llegar al pueblo, un cartel turístico nos señala el desvío. El camino está en buen estado y lo aprovechamos para acercarnos con los vehículos hasta el poste indicador: Pozondón (3,5 Kms), a la izquierda; el castillo de los Ares (1 km.), a la derecha; el barranco Cardoso (2,5 km.) y Ródenas (7,5 km), a nuestro frente. La mañana es fría; sol y nubes. Quien ha sido previsor se abriga. 














Y tomamos el camino cuesta abajo hacia el barranco Cardoso. Antes de introducirnos en la zona más profunda y escarpada,  seguimos rambla arriba una decena de metros hasta la escultura del Peruano, un bajorrelieve que tiene un estilo neoprecolombino. Representa un tumi, un tipo de cuchillo ceremonial usado por las  culturas del Antiguo Perú, cuyo remate es una divinidad inca, posiblemente Inti, dios del sol. A los pies del tumi, en el lado derecho, hay un jabalí y un ciervo; en el izquierdo, una serpiente enrollada a un arbusto. Una corona semicircular formada con motivos florales y geométricos lo remata. La figura es espectacular, tiene seis metros de alto por cuatro de ancho y la esculpió el artista peruano Mauro Mistiano en la década de 1980. Contemplarlo nos dejó a todos gratamente sorprendidos.












Retrocedemos sobre nuestros pasos para adentrarnos plenamente en el recorrido más singular y abrupto del Cardoso, de unos 500 m de gran belleza. Apenas lleva agua, pues recoge el agua de lluvia, pero esta ha excavado las paredes casi verticales de rodeno, tallando curiosas formaciones; el lecho escalonado ha formado pequeñas pozas. En los riscos, se aprecian los dormideros de los buitres. El cauce se abre en un prado y la senda se dirige al cruce con el camino de Almohaja. Seguimos por la derecha en leve ascenso hasta alcanzar la mayor  altura del recorrido para bajar entre campos de secano hasta las ruinas del castillo. El entorno está acondicionado, hay un merendero bajo una gran carrasca. Comemos. Las nubes paulatinamente van tornándose cada  vez más plomizas.

















Las ruinas del castillo de los Ares se alzan sobre una plataforma rocosa. Se compone de dos recintos fortificados situados a distinto nivel con muros de piedra rojiza irregular, muy similar a la del castillo de Peracense. En el recinto inferior se conservan las ruinas de algunos torreones circulares y en el superior sobresale  la torre semicircular de vigilancia. Durante el siglo XII defendía el señorío independiente de Albarracín del reino de Aragón, hasta su toma  por Alfonso III en 1284. Para detener el estado de ruina progresiva se ha preparado una intervención de conservación con la colaboración del Parque Cultural de Albarracín, el Gobierno de Aragón y la Unión Europea que se espera llevar a cabo en el futuro. Veremos...
















Seguimos ruta. Dejamos Pozondón a nuestra izquierda; sobre los tejados, destaca su robusta torre defensiva. Estamos en Ródenas: un café, una charradica. Pasear por sus calles y contemplar sus edificios construidos en piedra de rodeno le dan una carácter especial. Nos llaman la atención la forja de  sus puertas y ventanas, las casonas señoriales, como las casas del Olmo y la de Julianes o el interesante aljibe de origen musulmán, la iglesia primitiva de la que solo se conservan dos capillas. En un  espléndido prado junto  a la casa de Olmo hay dos palomares del siglo XII-XIII, ejemplo de la arquitectura popular ligada a una actividad complementaria de la economía rural.



















A escasos km, una pista nos acerca al castillo de Peracense, tan integrado en la arenisca roja que no se distingue qué parte corresponde a quién. Lloviznea.  Son las últimas horas de la tarde. Algunos hacemos una visita rápida. La lluvia cada vez es más persistente. En el bar Ramiro tomamos el ultimo café. Ha dejado de llover. Nos despedimos. Sin prisa, regresamos. Un día agradable.













Fotos de Hortensia, Gustavo y Pepe




martes, 22 de marzo de 2016



Desde el castillo de la Mora
en busca de Perséfone


Sábado, 19 de marzo



“La primavera”, de William-Adolphe Bouguereau (1886). 
Joslyn Art Museum


Hacer una excursión la víspera del equinoccio de primavera en un día lluvioso tiene su aquel. Es la fecha del renacer de la vida y de la eclosión de la naturaleza, el momento para que la doncella Perséfone, diosa de la vegetación, vuelva de su rapto en el inframundo para reunirse con su madre, Deméter, diosa de la agricultura. 






No es agradable andar por caminos y sendas embarradas, por  lo que decidimos acercarnos a las Cinco Villas sin un plan determinado, sino buscar el cobijo del paraguas y guarecernos de la pertinaz lluvia al resguardo de las calles, digo de los aleros, de los pueblos. A causa del barrizal, después de acercarnos al enigmático lugar de las torres del Bayo, dejamos la visita para mejor momento. Recordamos que el último acontecimiento allí ocurrido fue la celebración de la boda de La novia.






Nos vamos a Sábada. Lo primero, el café. Un paseo por el casco histórico nos permite admirar las sobrias casonas de los siglos XV y XVI, rematadas por aleros, que M. tiene cuidado de alejarse de su verticalidad por las goteras: como te cojan bien, chipiadico te quedas. Destaca la iglesia de Santa María (siglo XIV), uno de los más bellos exponentes del gótico en Aragón, con su elegante torre. En el interior ha dado comienzo una misa baturra. Al otro lado del Riguel, sobre un montículo rocoso, se alza el castillo del siglo XIII.













Seguimos hasta Layana. Desde lejos destaca la imponente torre de 20 m de altura. Edificada en el siglo XIII, ha sido recuperada de su ruina y tras los trabajos de restauración, la fundación Uncastillo, ha creado un centro de interpretación de la vida rural en la época romana bajo el título De agri cultura (Sobre la Agricultura), dada la cercanía del yacimiento arqueológico romano de Los Bañales. Lo curioso es que está domotizada, introduces el precio indicado y en ese momento una serie de secuencias van guiando al visitante de manera automatizada. Sigue lloviendo a conciencia.



















Comemos en Uncastillo. Siempre es gratificante observar el rico patrimonio de esta monumental villa. Bajo el paraguas, contemplamos la esplendida portada meridional de la iglesia de Santa María, una de las más bellas del románico. Paseando por sus calles se aprecia el atractivo conjunto medieval prácticamente inalterable, conformado por su interesante arquitectura popular, sus casonas de portadas adoveladas, balcones de forja, los aleros de madera. El ayuntamiento, una construcción renacentista del siglo XVI, que decora su fachada con las virtudes teologales y cardinales; la virtud de la justicia preside la portada principal.












Pasamos el río Cadena para visitar la sencilla iglesia de san Félix o san Felices, En el tímpano de la portada sur se representa el martirio del santo arrastrado por dos caballos. A unos pocos metros de esta, encima de una elevación rocosa, se asienta la sencilla iglesia de san Juan, construida a finales  del XII sobre una necrópolis medieval. En 1931 fue declarada monumento nacional. Desde aquí disfrutamos de una magnifica panorámica.















Regresamos. En el coche, P. nos disertó, recordando a un amigo, sobre los matices verdes que cubrían la toscana cincovillesca. ¡Qué hermoso es el 'césped' de los urbanitas! En Ejea cerramos la jornada. El café de despedida fue largo, sosegado, barullero y chillón, porque hay temas que alteran la bilirrubina. La llegada a casa nos recibía con una aparatosa tormenta cargada de rayos y centellas... Pero el domingo salió el sol. Feliz primavera. Ah, y si buscas pareja, por lo de la primavera..., no busques la perfección, solo son necesarias tres o cuatro cosas; lo demás, es prescindible, ipse dixit.
















Fotos de Hortensia y Nines.