martes, 21 de febrero de 2017



De Sigena 
al arco de san Andrés



Sábado, 18 de febrero






Alberuela de Tubo,  la Gabarda, la Iglesieta, Piracés... Recorrer los castillos islámicos de los Monegros era el propósito de esta excursión, pero cambiar de tercio tampoco es mala idea. Y se decide cambiar:  30 votos a favor y ninguno en contra. Vamos a ir al monasterio de Sigena para ver las 51 piezas que fueron devueltas por el Museo Nacional de Arte de Cataluña el pasado julio y que han quedado expuestas en el histórico cenobio desde finales de enero. 







La niebla nos acompañó hasta las trincheras recuperadas de la Guerra Civil, uno de los escenarios en los en los que el escritor británico George Orwell fue destinado durante su estancia en España en 1937 y que dejó constancia de su paso por estas tierras monegrinas en su Homenaje a Cataluña.















Cruzar Sariñena ha sido un despiste de rotondas y calles  estrechas. Estamos en Sena. Hay que tomar el café de la mañana. Fuera, las cigüeñas crotorean. No han encontrado mejor atalaya que el alto silo para ubicar sus nidos. Agrada escuchar tan peculiar sonido.



Tenemos poco tiempo para visitar la casa natal de Miguel Servet en Villanueva de Sigena. Para algunos, una grata sorpresa.  Declarada Bien de Interés Cultural, en la actualidad es la sede del Instituto de Estudios Sijenenses. Cuenta con un completo centro expositivo de su vida y obra; así como, un importante fondo bibliográfico. Nos faltó tiempo para terminar la visita ya que teníamos concertada la cita en el monasterio y había que ser puntales. Volveremos sin prisas.


















Hemos sido formales y a  la hora acordada comenzamos el recorrido de la exposición de las piezas llegadas del Museo Nacional de Arte de Cataluña, adquiridas por la Generalitat en 1992 y 1994 y cuya compraventa fue declarada nula; curiosamente, de este lote faltan dos, que, al parecer, han sido extraviadas por el  museo catalán. A estas se deben unir otras 44 que están retenidas en el Museo Diocesano de Lérida. Ubicada en los antiguos dormitorios, la muestra permite disfrutar de piezas de cubertería, protocolos notariales, textiles, pergaminos o fragmentos de pinturas murales. También destacan las puertas del palacio prioral, así como relicarios, azulejos y otros objetos.











El espacio de la Sala Capitular está listo para recibir los valiosos frescos,
que se exhiben en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. 













Hemos salidos helados de la visita de las dependencias del monasterio. El sol, aunque tibio,  nos calienta. Una fila de chopos de ribera junto al Alcanadre nos protege y sin premura, damos cuenta del almuerzo. Tenemos hambre. Son las tres y media.










Los atardeceres monegrinos tienen un atractivo especial. Así que nos acercamos al monte de san Andrés, cerca de Usón, para disfrutarlos. Desde los restos de la ermita del siglo XII, de la que solamente queda en pie un arco apuntado, contemplamos la magnífica panorámica, los torrollones y la puesta de sol.









Fotos de Marisa, Matilde, Nines, Pepe, Mariano y Josemari



ACUARELAS DE VALENTÍN CARDEDERA






El monasterio de Santa María de Sigena fue fundado en 1188 por la reina Doña Sancha, esposa de Alfonso II de Aragón. Durante más de dos siglos fue panteón real y archivo de la Corona de Aragón. Las pinturas  (s. XIII) de su Sala Capitular, con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, fueron calificadas como el conjunto pictórico mural más relevante de Occidente en su época. La Guerra de la Independencia, la desamortización de 1835 y la Guerra Civil fueron tres golpes de los que nunca se repuso.













En agosto de 1936 fue incendiado y saqueado por una columna anarquista. Las llamas destruyeron el edificio con sus artesonados, frescos y numerosas obras de arte; sólo se salvaron la iglesia y el panteón real. Las pinturas de la sala capitular que se salvaron están en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Abandonado por las monjas de San Juan de Jerusalén a principios de la década de 1980, llegaron a Sigena en 1985 las Hermanas de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno, que, por una parte significa la continuidad del uso religioso, y también el mantenimiento del monasterio. Recientemente, parte del monasterio ha sido restaurada y se prevén futuras intervenciones.











Marzo, 1991








martes, 24 de enero de 2017



El meandro de Chodes 

Villanueva de Jalón 



Sábado, 21 de enero








Días fríos y nivosos no presagiaban un sábado casi caluroso. Un sol tibio nos acompañó al principio de la mañana. El café, reconfortante, con charradica y dulces -bueno, algún bocadillo y vino-, en el albergue de Morata de Jalón. Desde aquí, iniciamos el camino de una agradable excursión por la ribera del Jalón.









El camino, ascendente, sigue en paralelo a la vía del tren, al río y las huertas. A medida que nos vamos acercando hacia el meandro, el camino-senda discurre al lado de curiosas formaciones y altas paredes calcáreas propicias para la escalada. Al otro lado, mirando al río, se alzan los restos de una torre cuadrada que se asoma sobre el precipicio. Es el castillo de Chodes, a cuyos pies están los escasos restos de las casas del antiguo pueblo. Pasamos el río por la estación de aforo, donde se toman mediciones de caudales, que diría C., para rodear el meandro.
















Estamos junto al estacionamiento y la vía que cruza el monte a través de un túnel. Antes de seguir, tenemos dos espectáculos gratuitos: una demostración-exhibición de escalada y el paso de un largo tren de mercancías cargado con vehículos 'Seat', que hace temblar el suelo bajo nuestros pies. En esta zona están las paredes, tal vez,  más atractivas para escalar, soleadas y resguardadas del viento. Todo el entorno es conocido como las torcas, hundimientos del terreno generados por la erosión del río sobre la roca caliza. 













Tomamos la senda que sale a nuestra derecha paralela al río. De trecho en trecho hay aficionados escalando. Cruzamos una amplia chopera; luego, el espacio deja paso a viejos bancales que guardan algunos almendros. Llegamos a la otra boca del túnel. Curioso: ahora pasa un cercanías. De regreso, M., inquieto, no le importaría subir a lo alto del monte, donde se encuentran los restos de una necrópolis tardorromana. Bueno, lo que queremos es comer.









Continuamos por el camino de las Torcas hasta Chodes. Campos de almendros; a nuestra izquierda, encima del peñasco se ve un paño de muralla y la torre del castillo. Más adelante, una cantera de yeso. Inevitablemente hay que ver la plaza de Chodes, un conjunto urbanístico excepcional, declarado Bien de Interés Cultural. Continuamos por el viejo camino de Morata para entrar en la localidad por el puente de Capurnos, de un solo ojo  de unos 20 metros de luz.












Imposible ver el interior del palacio de los Condes de Argillo por más que la página web del ayuntamiento dé su teléfono para concertar la visita. 'Bien' por el ilustre ayuntamiento, todo sea por hacer visible nuestro patrimonio. Así que nos conformaremos con el exterior. Es un edificio con planta en forma de H, de estilo barroco construido siguiendo el ejemplo de los palacios italianos. En la parte superior, hay una galería de óculos y un llamativo alero sostenido por figuras de atlantes y cariátides. En las alas transversales están el ayuntamiento  y la iglesia parroquial.









Tres kilómetros nos separan de Villanueva de Jalón. Está situada sobre un escarpado promontorio a orillas del río, desde que fuera fundada en el siglo XIII como villa de señorío. Es el único pueblo abandonado de la cuenca del Jalón. A pesar de que contaban con luz eléctrica, una de las causas de la marcha de sus habitantes fue la falta de agua, pues había que acarrearla desde la fuente que estaba junto al río. La despoblación comenzó en la década de los años cincuenta del siglo pasado, aunque las dos últimas casas se cerraron en 1968. A partir de entonces, siguuió el expolio y la ruina.



La escuela estaba situada en la planta baja, quedando las dos plantas de arriba como vivienda de la maestra.












Interior de la iglesia de Nuestra Señora de la Huerta. La falta de tejado ha acelerado aún más su deterioro. A laderecha, la capilla de la Virgen de la Huerta, y a la izquierda, la capilla de San Silverio; al fondo, la pila bautismal y el vacío. Las bellas yeserías de las capillas, de lazos y estrellas mudéjares realizadas en el siglo XVII, están desapareciendo por la desidia y la humedad. Lo mismo sucede con la torre mudéjar, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es el elemento que más destaca, realizado en ladrillo con una decoración simple geométrica, típica del mudéjar.













El castillo se encuentra en la parte más alta sobre la roca. Es de origen musulmán. Apenas se conservan restos de un torreón y algunos muros de mampostería.





Vista desde el castillo. Se entiende su ubicación como excelente atalaya: la vega del Jalón, la carretera y la línea del  tren que pasa por debajo del mismo.








Fotos de Mariano, Hortensia y Josemari